Reseña: cap. 19, 20 y 21
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Reseña: cap. 19, 20 y 21

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Seminario del Campo Freudiano en Granada celebrado el sábado 12 de abril de 2025.

Reseña de la clase impartida por Iván Ruiz sobre el Seminario II de Jacques Lacan "El Yo en la teoría de Freud y en la práctica psicoanalítica"

XIX. Introducción al gran Otro
XX. El análisis objetivado

XXI. Sosia


Reseña elaborada por
Jonathan Rotstein

 

Preámbulo:

El Seminario 2 es paradigmático como laboratorio de investigación para Lacan. Estamos en el marco del Yo en Freud, que es un punto de apoyo fundamental para salir de los impasses del psicoanálisis post-freudiano.
Es un verdadero seminario porque Lacan y su audiencia comparten un mismo texto para descifrar: Es el texto de Freud tomado como un texto que ofrece el estatuto de verdaderas preguntas que harán avanzar.
Lacan advierte que partirá del estudio de la triada del Yo: Más allá del principio del placer, El yo y ello, y Psicología de las masas y análisis del yo, porque para Freud a partir de los años 20 de lo que se trataba era de poder superar los obstáculos de la práctica a partir de la creación de nuevos conceptos.
Este es el movimiento que, creo, hace Lacan en este seminario: Encontrar en lo simbólico algo fijo a partir de aquello que es movible en lo imaginario. Por eso el estadio del espejo requiere de ese momento fundamental donde el niño se vuelve atrás y verifica desde lo simbólico que esa imagen le corresponde a él. Se necesita este elemento tercero (más allá del yo y del otro imaginario) para que verifique y que lo imaginario pueda, desde lo simbólico, tocar al sujeto.
Una cuestión clave para Lacan del Seminario 2 es el campo unificado, que es la metáfora que emplea para referirse a la estructura del lenguaje como un campo unificado: El lenguaje es estructura y, en este momento, es así como puede definir al inconsciente el inconsciente estructurado como un lenguaje.
A Lacan le importa en este momento ¿Qué hace el ser humano con lo que es otro? Es decir, con lo que no tiene definición desde la medida de lo igual. Este es el camino que Lacan abre para explorar lo que no es igual a sí mismo, lo que es verdaderamente otro.


Tres cuestiones fundamentales en estas tres clases:

1ª) “¿Dónde está lo esencial del análisis?” (página 362), ¿Cuál es su fin?, ¿Consiste en la realización imaginaria del sujeto? Lacan cuestiona radicalmente este planteamiento al ser una desviación del psicoanálisis postfreudiano. El Yo y el sujeto son confundidos y se hace del yo una realidad, algo que es integrativo.

2ª) En la página 365 Lacan se pregunta ¿cómo distinguir lo imaginario de lo simbólico? Ahí aparece el “Esquema L” por primera vez. La primera diferencia entre el yo imaginario y el sujeto es que el sujeto no sabe lo que dice, mientras que en la relación a-a’ el sujeto sabe reconocer a su otro imaginario hasta el punto de que no se lo puede quitar de encima.

Están estos dos planos: el plano imaginario es el del espejo (de los otros homogéneos, el semejante) y está el plano simbólico donde se ubica el muro del lenguaje (donde obtenemos una realidad verificada, como vimos en el segundo movimiento del estadio del espejo cuando el niño debe verificar simbólicamente qué es eso imaginario). Entonces: Lo imaginario cobra su falsa realidad, pero de forma verificada a partir del orden definido por el muro del lenguaje. El sujeto está separado de los otros por el muro del lenguaje.
Ahora bien ¿Cuál es la consecuencia más importante de esta distinción entre lo imaginario y lo simbólico? La de corregir la vía muerta a la que lleva el análisis centrado en lo ilusorio del Yo, (porque se querría que fuese la reunión de todo lo que vivió en el estadio pregenital un sujeto, con sus pulsiones parciales, etc.). Así en la página 367 dice: “Si se toma por guía lo imaginario y lo pregenital, necesariamente se llega a este tipo de análisis donde la consumación de los objetos parciales se lleva a cabo por intermedio de la imagen del otro”, y prosigue Lacan señalando cómo todos estos autores postfreudianos llegaron a la misma conclusión: “El sujeto reconcentra su propio yo imaginario esencialmente en la forma del yo del analista”.
Encontramos el cénit de este seminario con la presentación del Esquema L como el punto de llegada de lo que constituye el avance de Lacan en este momento.

Lacan recurre al mito de Anfitrión para dar una salida al conflicto entre lo imaginario y lo simbólico en las relaciones de amor porque, dice, el sentido profundo de este mito es que para que esta relación sea sostenible es preciso que la relación sea triangular, como se ve en el Esquema. ¿A qué triangulación se refiere? La triangularidad que introduce el Falo que todavía no está como tal, de aquí que es preciso que haya ahí un Dios, el amor, ese famoso amor genital se dirige al hombre universal, encubierto, del cual todo ideal es sólo un sustituto idolátrico. A Lacan le interesa destacar lo absurdo de la relación imaginaria, entre yoes.

3ª) Este seminario es el momento en el que Lacan se encuentra en condiciones de sostener que lo imaginario, al que el Yo pertenece, no es ningún punto de llegada en la realización del sujeto sino un impedimento. Este impedimento es el impedimento para acceder al deseo que se encuentra por realizar en lo simbólico, donde Lacan lo situará, habida cuenta de que es imposible acceder al deseo por la vía del Yo.
Podríamos señalar también que esta introducción el Otro en su entrecruzamiento con el registro imaginario es también la primera introducción del sujeto como barrado: No hay un sujeto barrado en el Esquema, pero es el resultado del esquema porque entre el yo y su deseo no hay unificación posible.

Entonces: ¿Qué sucede en el análisis según que se plantee como matricial la relación de la palabra o que, por el contrario, se objetive la situación analítica? Toda objetivación hace del análisis un proceso de remodelación del Yo, sobre el modelo del Yo del analista. Aquí es donde Lacan introduce el caso presentado por Fairbairn.
Fairbairn pone en riesgo el análisis, al pretender rehacerlo todo porque no entiende de qué se trata en Freud con la cuestión de la libido y, por ello, asimila la libido a la pulsión y propone centrarlo todo en relaciones de objeto que sean imaginariamente localizables. Todo lo que queda fuera para Fairbairn es incomprensible, mientras que Lacan ya presenta la triplicidad de lo real, lo simbólico y lo imaginario para sostener su crítica a la teoría del Yo.
Con esta crítica Lacan quiere llevar el psicoanálisis más allá de la teoría del Yo (que busca una mejor economía de los espejismos). Solo podemos influir en ella si se inscribe un orden simbólico que impone una relación ternaria como esta en el Esquema L.


Jonathan Rotstein



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