Reseña: cap. 10, 11 y 12
Seminario del Campo Freudiano en Granada celebrado el sábado 11 de enero de 2025.
Reseña de la clase impartida por Neus Carbonell sobre el Seminario II de Jacques Lacan "El Yo en la teoría de Freud y en la práctica psicoanalítica"
X. Del Entwurf a la Traumdeutung
XI. La censura no es la resistencia
XII. Los aprietos de la regresión

Reseña elaborada por
Ángel Ibañez
La enseñanza de Lacan no sigue una progresión lineal ni acumulativa, sino que se construye como una experiencia en constante invención, partiendo del no saber como marco del saber. Esta enseñanza se caracteriza por la libertad compañera el rigor, la ausencia de dogmatismo y la capacidad de corregirse y contradecirse a sí mismo. Lacan aplica a su lectura de Freud los mismos principios que Freud utilizó para construir su teoría, lo que permite una reinterpretación crítica y dinámica del psicoanálisis.
En estos capítulos, Lacan profundiza en el papel del yo (moi) dentro de la teoría freudiana y la práctica analítica, cuestionando su estatuto y función en el aparato psíquico. Para Lacan, el yo es una instancia imaginaria, es decir, no es autónomo ni autocontenido, sino que se constituye en un proceso de alienación dentro del lenguaje y a través de la mediación del Otro. Lacan demuestra que el inconsciente es un efecto del lenguaje, y que la identidad del sujeto no es fija, sino que se define por su posición dentro de la estructura simbólica. El yo, por tanto, está constantemente mediado por significantes que lo preceden, y es el lenguaje el que permite suponer la existencia de un sujeto.
La estructura simbólica no solo ordena el deseo, sino que también determina la posición del sujeto en una red de significaciones, lo que tiene implicaciones directas en la técnica psicoanalítica. La interpretación no busca reforzar el yo, sino desestabilizar sus certezas para permitir el acceso a la verdad del sujeto en su dimensión inconsciente, que escapa a las certidumbres con las que el hombre se reconoce como yo. Como señala Neus Carbonell: “Es imposible psicoanalizar con el yo. El yo en Lacan siempre será un obstáculo al análisis”.
Lacan vincula el lenguaje, la máquina y la pulsión de muerte, concibiendo el inconsciente como una estructura simbólica en la que el sujeto queda atrapado. Esta estructura introduce la repetición y la falta, lo que aliena al sujeto. La noción de máquina se relaciona con la automatización del significante, donde el sujeto opera de manera automática dentro de una red de repeticiones inconscientes.
En La Interpretación de los Sueños, Freud pasa de un modelo mecánico a uno lógico, utilizando el lenguaje como eje central. Lacan, por su parte, sitúa la conciencia en el registro imaginario,
afirmando que es la relación con el otro lo que nos da la idea de conciencia. Para Lacan, la
percepción está determinada por el lenguaje, y es el significante el que introduce la noción de “uno", permitiendo al sujeto reconocerse como una unidad.
En relación con la regresión, Lacan explora cómo Freud intenta resolver sus problemas. Una
pregunta central que surge es: ¿Quién es el sujeto de la relación analítica? Lacan enfatiza que el
sujeto del análisis se manifiesta a través de las formaciones del inconsciente, donde el sujeto aparece como descentrado. Este descentramiento se evidencia, por ejemplo, en los sueños, donde el sujeto no habla directamente de sí mismo, sino que otro habla a través de él. El sueño revela esta división, mostrando que el sujeto no está centrado en sí mismo. Es a través de la censura lo que posibilita la emergencia de lo reprimido, permitiendo que el mensaje se manifieste. Aquello que no se puede decir es lo que convierte al sueño en un mensaje. Esto se vincula con el problema de acatar una ley cuyos efectos no se comprenden, lo que implica una dimensión inconsciente en la que la censura juega un papel clave.
Lacan desplaza así la cuestión del yo hacia la del sujeto, un sujeto descentrado que se relaciona con un objeto. En el psicoanálisis, este objeto es el objeto freudiano, que solo existe a partir de su pérdida. El sujeto busca recuperar algo de sí mismo que ha perdido, lo que Lacan conceptualiza como alienación. Mientras el yo, autosuficiente, no experimenta pérdida, el sujeto intenta reencontrar su unidad a partir de una pérdida originaria. Para Lacan, no hay sujeto sin
descentramiento y sin pérdida, y la técnica psicoanalítica consiste en transitar del yo al sujeto.
Finalmente, Lacan abandona el concepto de regresión y se enfoca en el de fijación. La regresión, en este sentido, es un retorno a lo que ha quedado fijado, es decir, a aquello que fue inscrito y que necesariamente se perdió.
Ángel Ibañez







