Reseña: cap. 22, 23 y 24
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Reseña: cap. 22, 23 y 24

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Seminario del Campo Freudiano en Granada celebrado el sábado 17 de mayo de 2025.

Reseña de la clase impartida por Manuel Montalban sobre el Seminario II de Jacques Lacan "El Yo en la teoría de Freud y en la práctica psicoanalítica"

XXII. ¿Dónde está la palabra? ¿Dónde está el lenguaje?
XXIII. Psicoanálisis y cibernética, o la naturaleza del lenguaje

XXIV. A, m, a, S


Reseña elaborada por
Catalina García

 
Manuel Montalban comienza su exposición señalando que estamos ante un seminario que gana actualidad y que incorpora una crítica importante de la escuela anglosajona, la psicología del yo, y más concretamente del psicoanálisis imperante en aquel momento del psicoanálisis de Paris, del psicoanálisis de la relación de objeto.

Lacan posteriormente desarrollará un propio concepto de objeto, el objeto a, el objeto freudiano, el objeto del deseo. En algún momento de su enseñanza también hablará del objeto nada, cuando anticipa la clínica de la anorexia. Hay otra clínica femenina que sabe hacer con ese objeto nada, diferenciándola de la clínica del hombre.


Según Lacan, el desarrollo del psicoanálisis de la relación de objeto en aquel momento, borra el psicoanálisis freudiano. La clínica freudiana que es fundamentalmente una clínica del síntoma, de su sentido, Lacan lo tratará más detenidamente en el seminario 4.


La clínica de las relaciones de objeto se explica a través de la relación imaginaria, es decir, especular.


Para el estudio del seminario 2 es recomendable leer La conferencia: Lo simbólico, lo imaginario y lo real, del 8 de julio de 1953. En esta Conferencia, Lacan, sustituye la típica tripicalidad que es la psicología del yo, frustración, represión y agresión y lo sustituye por lo real, lo simbólico y lo imaginario. La frustración, agresión y represión están alineadas con el registro de lo imaginario, mientras que Lacan habla de otros registros aparte del imaginario.


Una de las aportaciones de Fairbairn, psicoanalista escocés importante en los años 50/60 dentro de la psicología de las relaciones de objeto, es el desarrollo de un modelo psicológico que parte de la reinterpretación de la premisa de que la libido es fundamentalmente una búsqueda de placer.


Él plantea sobretodo que en el ser humano lo que es fundamental es la búsqueda de las relaciones con los otros, es algo interrelacional y que esto es más urgente que el deseo de gratificar la pulsión. Es un cortocircuito ético y clínico con la lectura del Más allá del principio del placer porque para Freud la libido no busca realmente el objeto sino que busca el placer a través de recorrer el circuito una y otra vez. El objeto no es nada más que un faro ahí para volver a reiniciar el circuito.


Los capítulos XXII, XXIII y XXIV del seminario, no transcurren como seminarios como tales sino más bien que es un feedback con la gente que asiste. No es algo excatedra.


La enseñanza de Lacan suponen un retorno a Freud y también es un más allá del síntoma en Freud, es un más allá del Nombre del padre y de la feminidad.


El capítulo XXII se titula ¿dónde está la palabra? y ¿dónde está el lenguaje? y trata sobre vocablos como palabra, lenguaje, discurso, mensaje… Ordenemos estas cuestiones.


Palabra: Lacan denuncia a los postfreudianos al desentenderse del papel y del poder de la palabra y aboga por ir a la palabra y al lenguaje, de forma renovada. ¿Qué rol, qué poder tiene la palabra en un análisis? ¿Esta herramienta, para qué sirve, cuál es su potencia y cuál es su límite?


En el seminario 1 Lacan relaciona la palabra, influido por dos antropólogos Levis Strauss y Marus, que definen la palabra como un intercambio simbólico, definición que luego se complicará.


En este capítulo la palabra adquiere numerosas connotaciones como la religiosa, y teológica, la tradición judeo-cristiana y aquellas que tienen que ver con Heidegger, quien distingue entre discurso y habladuría, lo que para nosotros es la distinción entre palabra llena y la palabra vacía (ver Función y campo de la palabra y del lenguaje, en los Escritos 1), aunque a partir de los años 55 abandona como ejercicio explicativo aunque no lo hará del todo.


La palabra plena es la que se articula en la dimensión simbólica del lenguaje, mientras que la vacía la hace en la dimensión imaginaria, la palabra del yo que se transmite a semejantes.


Para que haya algo singular hay que dar vueltas a lo particular, para que haya palabra plena tiene que haber mucha palabra vacía, es cuando se da una fuga de esas vueltas centrípetas.


Lenguaje: hay que diferenciar entre el término francés “lang” –idioma específico - y “langue” –sistema del lenguaje general, abstraído de cualquier idioma en particular -.


A partir del 50 se diferencia entre lenguaje y palabra. El lenguaje es visto como estructurante de las leyes sociales y, partiendo de Seassure, reconvierte la unidad básica del signo y lo reserva al significante, sosteniendo que el inconsciente como lenguaje es una estructura de significante, “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, lo que quiere decir que el inconsciente está hecho con un material determinado, la palabra (Mot).


El material del inconsciente está hecho de trozos, de cadenas rotas, del lenguaje. Al mismo tiempo Lacan afirma que es un lenguaje transformado por el hecho de que en él una verdad del sujeto se manifiesta, en esa estructuración “yo, la verdad, hablo”, se extrae algo de lo verdadero de un sujeto.


De un lado está la palabra y del otro, el lenguaje. La palabra irrumpe en la materia del lenguaje, hace irrupción, no deja de deformarlo, de agujerearlo, de transformarlo. Para Lacan, esto es central en el descubrimiento freudiano, es cierto que el inconsciente está estructurado como un lenguaje y podríamos añadir es un lenguaje deformado, agujereado, no es un sistema lingüístico cerrado en sí mismo. ¿Qué es lo que lo agujerea, a este sistema lingüístico? Fundamentalmente el lapsus, lo que se escapa, el chiste, el olvido, que añade un plus. El chiste hace gracia porque añade un plus, hay como una especie de plus de significación que a uno se le escapa. También el acto fallido, que viene a agujerear lo que uno repite hasta la saciedad.


Miller también enfatiza que en la estructura del lenguaje se encuentra la metáfora y su juego de sentido (esta es la clave de estos tres capítulos).


Esto acerca a Lacan al discurso de las matemáticas, el único que no produce sentido. Ya apunta a un discurso sin sentido. Se interesa por las matemáticas que le lleva a la lógica y a otras cuestiones como lo real.

Lacan intenta, a través de las matemáticas, estructurar la dinámica de la cura que no esté sujeta a cualquier tipo de dificultad.

El sentido es delirante, “yo, la verdad hablo”, esa es la verdad que habla en el sujeto.

Lacan intenta ir a las matemáticas a partir de las ciencias exactas, se da cuenta de que las fórmulas se independizan, es decir, que lo real tiene una estructura que se puede formular pero un concepto de lo real, lo real en Física, por ejemplo. Pero luego a partir de la cibernética se da cuenta de que los numeritos, las letritas de la fórmula empiezan a andar solas y que ayudan a generar un real diferente. Esto tiene posteriormente una influencia importante en los seminarios lógicos, por ello este seminario invita al seminario 14, el de La lógica del fantasma.

A partir de esto Lacan plantea dos apologías una suya y otra se la inventa. Una es de Wellss un escritor londinense, inventor del género de ciencia ficción que escribe obras como La máquina del tiempo, El hombre invisible o La guerra de los mundos. En su obra Los primeros hombres en la Luna plantea que los humanos pueden viajar a la luna si se toman la cavorita. Entonces tres humanos viajan a la luna y se encuentran unos seres antropomorfos y que por separado les habla a cada uno. El lenguaje de los selenitas no tiene nada que ver con el de los humanos. Posteriormente los tres hablan y coinciden que el mensaje que han recibido de los selenitas es el mismo y lo entienden pero cada uno ha entendido una cosa diferente. Lacan usa esto para explicar que uno entiende lo que le pasa por su fantasma, por su relación con el objeto, uno no entiende lo que quiere si no lo que puede.


El otro apólogo es el de los tres prisioneros A, B y C que están en una cárcel y se les propone que será liberado el que supere una prueba en la que hay algo de colaboración, hay algo de singularidad –uno tiene que elegir- y algo de lo que se salva uno y los otros no (similar al Juego del Calamar).


Hay cinco discos a repartir entre tres, hay tres discos blancos y dos negros, que le son colocados en la espalda a los presos, ellos no ven los que tienen pero sí ven los que llevan los demás. Lo que tienen que hacer es acertar cuáles son los discos que llevan ellos. El acertijo se resuelve observando a los otros, su reacción, de cómo cada uno articula. Se resuelve a través de la lógica y no del azar.

En este proceso hay un instante de ver en el que tiene que observar, luego se da el tiempo de comprender, a ver cómo cada uno funciona, y por último el tiempo de concluir.

Él retoma esto ya de su sofisma, de 1945, en un texto que titula El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada.


En este sofisma Lacan pregunta dónde está la palabra y dónde está el lenguaje y dice: el lenguaje lo tenemos en los datos primeros que distribuye la cárcel –hay unos discos,negros, uno blanco…- son los datos fundamentales del lenguaje que están fuera de la realidad, es un contexto el que se presenta. La palabra se introduce a partir del momento en el que sujeto afirma “yo soy blanco”, ahí está el acto de palabra.


La palabra plena sería la afirmación del prisionero cuando se da cuenta de: “yo soy blanco”, es el acto de la palabra, lo que produce un corte o una escansión; y todo lo demás, la explicación de que si uno es blanco entonces el otro es… eso es la palabra vacía, el bla, bla, bla.

Lacan quiere poner de manifiesto la distinción existente entre el lenguaje aplicado a lo imaginario –la cuestión de qué llevará el otro, cuántos discos hay…- lo que se imagina es una estructura recíproca y momento simbólico del lenguaje que corresponde a esa palabra “soy blanco”, a ese momento de afirmación.

Lacan aquí también introduce, y aquí nos vamos a relacionar con el tiempo y con el a-tiempo, una variable fundamental que es la prisa, que la vincula con el problema del ser humano con la vida y es la relación del hombre, de la mujer, con el tiempo que está siempre acosándonos por detrás, la prisa. Ahí sitúa la palabra y no el lenguaje. El lenguaje dispone de todo el tiempo del mundo, el lenguaje es el marco y la palabra es esa cuestión que hay que anticipar.


¿Dónde estaría el a-tiempo respecto a esto? En la palabra, en ese acto de palabra, no tanto en el lenguaje cuánto en la palabra. Esto conecta de una manera muy directa con los Seminarios XIV y XV, que son los que continuarían con la lógica de estos capítulos.


Recomiendo leer, además de la reseña al seminario XV, El acto analítico, que está en Los otros escritos, la entrevista que le hace Paolo Caruso a Lacan y que se puede encontrar en internet, cuando se presentan los escritos.


En esa entrevista dice Lacan: “esta anticipación, este a-tiempo, surge también en la propia constitución subjetiva, hay algo de la prisa, algo de la palabra, algo del resto que tiene que ver con los tres momentos del aserto, hay algo precipitado en esa constitución subjetiva, no tiene uno todo el tiempo del mundo. Es S barrado al que se le cae la A, no es un tiempo infinito. Esto sucede y sucede.”


Esa diferencia entre lenguaje y palabra tiene un tinte lógico fundamental, el lenguaje tiene todo el tiempo del mundo y la palabra tiene una urgencia y tiene presentación de acto.


El capítulo XXIII, Psicoanálisis y cibernética.

Este capítulo es más bien una conferencia transcrita.

En 1953, IBM lanza al mercado el primer ordenador electrónico. Se suceden las noticias relacionadas con la cibernética, término que acuña Norbert Wiener  en su obra de 1948, Control y comunicación en los animales y en las máquinas. También los usos se diversifican, empiezan ya aplicarse a la ciencia médico-farmacéutica que recurre al ordenador electrónico para establecer la estructura clínica de la penicilina, por ejemplo. También para la astronomía, que lo utiliza para predecir las órbitas planetarias.

Por su parte, Lacan utiliza la cibernética para explicarnos algo en relación al funcionamiento del inconsciente.

En la página 436, toma el eje del lenguaje para su intervención y dice Lacan: “son ciertos aspectos de la naturaleza del lenguaje los que debo hacerles percibir, el relámpago”.

Lacan dice que tanto el psicoanálisis como la cibernética funcionan sobre un eje, el del lenguaje. Y es aquí donde encuentra en la cibernética el juego del par o impar, aparentemente fuera del campo del psicoanálisis, pero que lo sitúa en la dicotomía del azar y del determinismo.


La teoría de los juegos no se queda solo con la idea de que hay azar sino que busca que hay leyes, razones, detrás de lo que parece inaccesible a la razón.


La clínica no es desde luego un tema de azar, en el sentido de que algo sucede sin que se pueda conocer su fundamento, de manera azarosa, es decir, una intervención de uno cambia alguna cosa no por azar, está imbricada en la lógica de la cura.


Ciertos rasgos de la clínica psicoanalítica los emparenta con estos juegos.

Lacan plantea la siguiente pregunta: ¿qué determinismo suponen los analistas en la raíz de su técnica? La asociación libre produce la aparente paradoja de que intencionalmente, es decir, sin azar, el analizante se acerca cuánto sea posible al azar que ha estado de alguna forma condicionando su vida. Y todo porque en ese azar estaría operando el determinismo inconsciente. Mientras que en cuánto controlar lo que dice, en realidad estaría operando un determinismo que para nosotros sería de la represión.

Esto conduce a Lacan a preguntarse ¿qué es lo real? Y responde: “el sentido que el hombre dio siempre a lo real es el siguiente: lo real es algo que volvemos a encontrar en el mismo lugar, hallamos estado ahí o no”. Un ejemplo de esto: el sol gira diariamente, nos lo volvemos a encontrar en el mismo sitio a la misma hora y si son cercanos nos lo encontramos en una colocación muy similar en el cielo. Tal vez ese real se ha movido pero si se ha movido se le busca en otra parte, se indaga porqué se ha perturbado. También a veces decimos que se ha movido por su propio movimiento interno. Esta concepción de la función de lo real como algo que vuelve al mismo sitio es lo que hizo posible el paso de los antiguos ritos a la ciencia exacta. Se trata de una postura totalmente determinista, que va a tener su máxima expresión en la mecánica newtoniana. El hombre descifró la regularidad de los actos y elaboró un pequeño reloj a escala para confrontar la llegada a su cita con la naturaleza. Esta es una primera visión de lo real, algo que independientemente de lo humano, de nuestro sentido, de nuestro fantasma… siempre aparece, siempre llega a su cita con la naturaleza. A partir de ahí el hombre observa, calibra, desarrolla desde siglos diferentes elementos de medición que le van a ayudar un poco a entender cuál es el ciclo y esa dinámica de lo real. Pero a partir de ahí la ciencia reduce lo real a unas cuántas letritas, hay unas constantes, unos ángulos, unas longitudes, a un “paquetito de fórmulas”, dice Lacan.


Y qué pasa con el excedente, avanzando nos podemos preguntar si lo real corresponde a ese paquete de fórmulas, en principio, como diría Galileo: “el universo está escrito en caracteres matemáticos”. Yo puedo entender algo de ese real a través de las matemáticas.


El asunto es que, estas letritas ya no resumen lo descubierto sino que empieza a entender que con estas letritas se puede hacer otra cosa. Las letritas si las llevo a otro escenario, pueden hablar por sí mismas, me dan ideas, se combinan de otra manera. Me están transmitiendo, dependiendo de cómo las combino, otra serie de aplicaciones de eso que llamamos la Física. Y ahora es difícil detener el movimiento para producir lo que ellas están planteando. Cambiando la fórmula, metiendo otra constante, uno puede generar otra serie de cuestiones.


En la página 444, Lacan dice: “¿en qué consiste entonces el azar del inconsciente, que el hombre tiene en cierto modo detrás de sí?” Responde que nos puede ayudar la cibernética con esa idea de lo par o impar o de ausencia y presencia (aspecto que retomará en el Seminario XIV). Y dice: “los símbolos binarios 0 y1 y la puerta que se apertura y clausura me dan una idea de cómo justo funciona el azar en el inconsciente. Recurro al ejemplo de la puerta”.


Página 446: “La puerta es un verdadero símbolo, el símbolo por excelencia, aquel en el cual siempre se reconocerá el paso del hombre a alguna parte, por esa cruz que genera, entrecruzando el acceso y el cierre”. Pasar requiere de ese intervalo, de ese corte que produce la puerta en su movimiento de apertura y cierre, el inconsciente se abre y se clausura.


Podemos decir que por cada puerta corre un hilo de agua de El Rubicón  -era un riachuelillo, que le marcó el senado a Julio Cesar cuando llegó victorioso de La Galia y le dijo: “tú te tienes que quedar, hasta que decidamos qué vamos a hacer contigo, más acá de El Rubicón, si lo cruzas entenderemos que estás atacando la República y actuaremos en consecuencias”. El pasar El Rubicón se ha traducido como una metáfora de que si uno lo atraviesa ya no hay vuelta atrás. Es un ejemplo también de acto, Lacan lo retoma como un ejemplo de acto, es un límite simbólico, un punto de inflexión, un punto de pase.


Hay referencias diversas sobre el pase y la puerta. Y la puerta que ya se ha anticipado, así como todo invitado, el pasante debe golpear la puerta. Hay una puerta de entrada a la que se debe golpear y empujar para que se abra. Para ello hay que formular una demanda, la demanda de pase, que se le hace a la escuela a través del secretariado y del cante y qué se pide, se pide testimoniar, dar un testimonio, un ordenamiento que uno ha hecho, una elaboración del momento singular y propio en el que uno está después de ese atravesamiento final, de esa clausura de un análisis.


Cita de Judith Miller, hecha en una entrevista en Clarín de Judit Miller y Hector Pavón (se puede ver en internet) en la que dice: “una experiencia analítica permite ubicar cuál es mi deseo, si quiero lo que deseo”. Atravesar el fantasma es justo preguntarse y tener algunas respuestas si quiero lo que deseo, es decir ubicar la división que cada uno tiene. División condicionada por la introducción invasora del sujeto, del objeto a, como resto de la operación de la propia subjetivación. Esto toma su tiempo, lo que es completamente antipático al mundo contemporáneo y sus apuros, queremos ahora inmediatamente lo que esperamos y es difícil no ceder a este ¡apúrate!, todo el tiempo. El imperativo superyoico, que se traduce hoy en día por ¡goza, goza, goza!, puede acompañarnos también con un ¡apúrate a gozar!. Pero el psicoanálisis no puede ceder a eso y ahí plantea su a-tiempo lógico. Ceder es caer en una trampa. “Cuando se echa el síntoma por la puerta, el síntoma vuelve a entrar por la ventana”. Y eso es el esquema fundamental de la repetición.


Lacan nos ofrece en la página 447 todos unos cuadros matemáticos para ilustrar lo que orienta la producción de mensajes de las maquinitas. El texto de Lacan precisa que en esos cuadros no son más que otra cosa que una sintaxis, que nos ayuda a hacer operaciones lógicas y dice: “en este punto de sumo interés, a nadie puede escapársele que la sintaxis es de alguna manera un soporte para el lenguaje, no hay lenguaje sin sintaxis”. Son sus leyes, cómo el contexto, de alguna forma, regula.


Lacan sigue diciendo: “la cibernética es una ciencia de la sintaxis y la sintaxis antecede siempre a la semántica. La sintaxis cibernética no permite que la semántica introduzca el malentendido” –que el mensaje sea interpretado-. Ya está aquí el concepto del sinsentido, es un sinsentido sintáctico, no busca entender sino que haya un acto.

El mensaje de la cibernética es un mensaje creativo, es decir, yo pongo esa sintaxis y de ahí resulta una consecuencia, yo lo ordeno y sale un mensaje. No es como el humano que escribe un mensaje y éste está sujeto a una serie de interpretaciones. Más allá de la interpretación lingüística, más allá del inconsciente semántico, es el inconsciente real. En el sentido de que la interpretación tiene un límite.

Dice Lacan: “en general, no todo el sentido es introducido en el interior de este lenguaje primitivo, por el deseo humano”. El mensaje lo introduce el deseo humano, uno busca un sentido, eso tiene que ver con el S barrado.

¿Qué sentido tiene esto para los analistas? ¿Sacar algo válido del discurso humano para el psicoanálisis? Señala que el discurso humano es un discurso que Lacan califica como un puro, ya está avanzando el Seminario XVI y XVII, con respecto a lo del discurso. Es justo tras esa idea del sentido universal del discurso donde vamos a indagar. Lo imaginario no es homogéneo de lo simbólico, reducir al psicoanálisis a esta dimensión imaginaria, ligada al privilegio del objeto electivo, es realmente pervertir el deseo humano.
La cibernética ayuda a Lacan a diferenciar el orden simbólico de lo imaginario. La cibernética está en el registro simbólico no en el imaginario.
  
Capitulo XXIV: A.m.a.S.

Son los vértices del esquema Landa A (Autre=gran otro), m (moi= el otro pequeño), a (a prima) y S (sujeto).

Reinicia aquí Lacan una faceta dialógica, es también una clase de diálogo con la audiencia y vuelve al malentendido.
Lacan dice: “solo intentaba hacer comprender otro sentido para la palabra lenguaje” “ese nuevo sentido se trata de una sucesión de ausencia y presencia, o más bien de la presencia sobre un fondo de ausencia”. Esto es el 0-1. Y dice: “pero no hay ausencia en lo real, no hay ausencia nada más que si se sugiere que puede haber una presencia allí donde no la hay”. Lacan propone situar al vocablo en tanto que éste crea la oposición, el necesario contraste. Esta es la contradicción original entre el 0 y el 1, que luego va a retomar en los siguientes seminarios.

Páginas 464 les dice a los participantes, desde una enseñanza que no es excatedra: “les vuelvo a pedir que se arriesguen por lo desconocido, por esa zona ignorada que en la experiencia analítica jamás debemos olvidar, porque es nuestra posición de principio”. Esto lo hace en referencia a la conexión ética y clínica, arriésguesen por lo desconocido y sigue: “algunos se dicen que, en lo tocante a hacer teoría analítica, soy yo el que construyo, el que les propongo mi construcción, y ustedes, ustedes arrancan con eso. Me niego”. Y más abajo dice: “y por esa razón, para que haya algo nuevo es preciso que exista la ignorancia”. Estar dispuesto al encuentro, a la contingencia del encuentro.


Nuestro rumbo, el sentido del síntoma, y dice en la página 472: “porque el síntoma es en sí mismo, de punta a punta, significación, esto es, verdad, verdad puesta en forma. Se distingue del individuo natural por el hecho de que ya está estructurado en términos de significado y significante, con lo que esto implica, o sea el juego de significantes. Es en el interior mismo de lo dado concreto del síntoma, ya hay precipitación en un material significante. El síntoma es un revés de un discurso.”


La quiebra, los girones de la cultura, del superyó de la época es de cualquier forma colonizado por el capitalismo, que es también lo que da la vuelta al discurso. El amo se ha ido transformando hacia una visión que Lacan lo llama un paradiscurso, el discurso capitalista. Que el síntoma es un revés de un discurso me recuerda a una expresión en radiofonía: “porque oigan que toco el cristal de la lengua para refractar del significante lo que divide al sujeto.” (Metáfora del cristal de la lengua).


Yo he entendido esto como un reverso del discurso, yo toco el cristal con la imagen y lo deconstruyo, lo pongo en otra escena, no es ya la imagen especular que uno puede ver en ese cristal, como cuando está atardeciendo y se refleja una cara. El reverso de un discurso, es lo que en ese discurso hace síntoma, el discurso del amo es el discurso del inconsciente, funciona igual.


¿Cuál es el reverso del discurso del amo? Es el del analista, lo que ha hecho síntoma, el discurso del amo antiguo, que ha ido desconstruyéndose, que se ha ido disolviendo. Es justamente a finales del siglo XIX, cuando Freud va a poner en marcha una nueva forma de escucha, que es una nueva forma de vinculación, porque un discurso no es más que una nueva forma de vínculo.

Y dice Lacan: “para entender esto veremos que hay que leer Más allá del principio del placer”. Aquí se bifurca claramente la influencia entre la psicología del yo y la psicología lacaniana.

Lacan rescata la orientación que Freud construye a partir de 1920, Lacan es Lacan por ese Más allá, rechazado en la emigración y en el exilio del psicoanálisis centroeuropeo.

¿Qué orientación tiene Freud en 1920 con respecto a la intervención? Dice Freud: “hay una primera etapa que en muchos casos ilustra los análisis salvajes, cuando no se transita a la siguiente, cuando un análisis se queda en esa primera fase. La comunicación de la significación al enfermo, cura en la medida en que viene emparejada la convicción”. Entonces yo le puedo transmitir al paciente mi hipótesis de porqué pasa eso pero si no funciona la convicción en el paciente difícilmente va a funcionar. Un ejemplo de esto es El Caso Juanito.

La convicción tiene que ver también con la transferencia, hay algo del sujeto supuesto saber, que de alguna manera uno acoge.

Hay una segunda etapa, que Freud la llama la necesidad de integración, que no solamente es conocer la significación sino reintegrarlo en la propia historia, hacer con ello un nudo, anudarlo, establecer una red con otra serie de vivencias, experiencias…

Y el tercer momento es la cuestión que Lacan dice en la página 473: “el arte (del analista) está en descubrir tales resistencias lo más rápidamente posible, mostrárselas al enfermo y moverlo, impulsarlo mediante la influencia humana a ir abandonando dichas resistencias.” Y dice también que Freud, en Más allá del principio del placer, señala que la resistencia se puede movilizar pero que siempre vamos a tener el poso de la repetición. Siempre hay un límite que es el de la repetición. Ver qué se puede hacer con la repetición, es una nueva manera de ir a estos asuntos.

    
En la página 474 trata Lacan sobre el AmaS, que desarrolla el esquema Lacan en la página 365. El yo está puesto como a y el otro como a´. También está el yo, en francés moi, y el A, el otro con mayúsculas.

Este esquema confronta la relación imaginaria con la simbólica. La A, que corresponde al Otro y que tiene muchas definiciones en la enseñanza lacaniana, es otro radical, que no tiene nada que ver con el otro imaginario, con el pequeño otro, con nuestro interlocutor. El A está estrechamente vinculado a la ley. El otro definido como el refugio, el reino de los significantes, es tan inhumano como nuestra propia forma de gozar.


El m, entendido como a, como el yo moi. El a es como el otro pero no como el otro absoluto sino el otro que imaginariamente se acopla al yo, como la fantasía de esa media naranja. El yo tiene siempre su alter ego que es este a. Y la S es el sujeto.

Esto se puede complicar, recordemos la máxima freudiada de “donde el ello era, el yo ha de advenir”, que en este seminario se entendería como fortalecer al yo, aunque tiene otras muchas lecturas. No hace referencias a prescripciones adaptativas ni a consejos de maduración, ni identificaciones normalizantes sino que lo que desvela es el goce, que lo deshabita del deseo, es el goce en relación al deseo, no es entregarse a las querellas y exigencias del superyó sino que va autonomizándose de las mismas y teniendo presente también que el superyó hunde sus raíces en el es.

Podemos añadirle otra máxima freudiana para entenderlo un poco mejor. En la Conferencia XXXI de Freud (1933) dice “ganarle tierra fértil al mar”.


Lacan hace referencia al capítulo VII de La interpretación de los sueños. Hay una verdadera oposición entre la función consciente e inconsciente y esto es esencial para comprender los dominios de la vida psíquica, las huellas que quedan en la vida subjetiva no residen en la conciencia sino en otra escena.

En la página 475,  Lacan hace una crítica a la psicología profunda, donde se decía que existían distintas capas desde la superficie hasta un nivel de profundidad. Lacan prefiere hablar de otra escena y afirma: “de aquí partieron muchos absurdos, alimentados por el término profundidad, que Freud habría podido evitar y que se ha utilizado en forma tan desacertada.”

El término de profundidad ha perjudicado al lacanismo en el sentido de que hay que tardar mucho, de que hay que escavar mucho, hay que quitar muchas capas de cebolla para buscar algo que se supone que está en el centro y que es algo que se identifica con lo traumático. Esto no es lo que hacemos nosotros, hay algo ahí a deconstruir.

 


Catalina García



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